Las escuelas y los educadores pueden usar plataformas como YouTube, Instagram, TikTok, LinkedIn, Facebook y X para la enseñanza, el aprendizaje y la comunicación institucional. Estos usos se dividen en dos grandes categorías: actividades en el aula, como debates y tareas colaborativas, y comunicaciones oficiales, como campañas de reclutamiento, alertas del campus y contacto con exalumnos.
Las redes sociales pueden ayudar a captar el interés de los estudiantes en plataformas que ya utilizan, conectar a los alumnos con expertos y recursos más allá del campus, y facilitar la colaboración entre estudiantes y docentes. Los educadores también pueden usar comunidades en línea para intercambiar planes de clase e ideas pedagógicas con sus colegas.
Entre las aplicaciones prácticas en el aula se incluyen transmitir clases en directo, crear espacios de debate, compartir novedades, enseñar alfabetización digital y ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades de creación de redes de contactos y pensamiento crítico. Las instituciones también pueden usar las redes sociales para crear comunidades y destacar los logros de estudiantes o exalumnos.
Estas oportunidades conllevan riesgos. La fuente señala el ciberacoso, las violaciones de la privacidad, la desinformación, las distracciones y los posibles efectos en la salud mental como motivos de preocupación para las escuelas. Las investigaciones indican que existe una asociación entre el uso intensivo de las redes sociales y un menor bienestar, aunque las pruebas sobre la causalidad todavía están en desarrollo. Según se describe en la fuente, el aviso de la Asociación Estadounidense de Psicología señala que los resultados dependen del contenido y las funciones con que se encuentren los estudiantes, así como de sus circunstancias individuales.
Las obligaciones de privacidad son especialmente importantes cuando se trata de información estudiantil. En Estados Unidos, FERPA regula la divulgación de información identificable contenida en los expedientes educativos; COPPA se aplica a los servicios en línea que recopilan datos personales de menores de 13 años; y CIPA establece requisitos de seguridad en internet y filtrado para las escuelas y bibliotecas que cumplen los requisitos. Las instituciones fuera de Estados Unidos deben comprobar qué normas se aplican en sus propias jurisdicciones.
La fuente recomienda convertir estos requisitos en una política escolar por escrito. Esta política debe explicar qué pueden publicar el personal, los estudiantes y las cuentas oficiales; establecer procedimientos de aprobación y acceso a las cuentas; capacitar al personal; comunicar a las familias los procesos de consentimiento; y revisarse anualmente.
Con estas medidas de protección, las escuelas pueden abordar las redes sociales tanto como una herramienta de aprendizaje como un canal de comunicación. Enseñar a los estudiantes a evaluar las fuentes, proteger su información personal y usar las plataformas de manera deliberada también puede ayudar a abordar algunos de los riesgos asociados con la actividad en línea.
Fuentes: Hootsuite Blog.